martes 13 de abril de 2010

Con el tiempo, perdimos las ganas de continuar, de luchar por lo que teníamos, por aquello que “jamás” se iba a acabar. Lo que pasa es que yo me cansé de intentar alcanzar la perfección con cada beso, con cada momento, y tú no supiste apreciar cada instante que pasamos. Quieras o no, las cosas se acaban enfriando y nada, absolutamente nada, por asombroso que parezca, dura para siempre.

(Y cuanto antes nos demos cuenta de ello, mucho mejor.)

viernes 12 de febrero de 2010

La vida

Todas, o casi todas las personas del planeta deberían plantearse alguna vez si la vida tiene sentido o no para así poder marcarse un buen porvenir e intentar vivir con la mayor cantidad de felicidad posible, sabiendo que aquello que haces o que no haces es para ti lo correcto y lo que te hace ser cada día un poco mejor.

Para cada persona la vida adquiere un significado diferente y a cada cual le toca descubrir el suyo, para ello yo creo que es importante conocerte a ti mismo, porque nadie mejor que tú va a saber en qué emplear tu vida con satisfacción. Aquellas personas que intentan responder a preguntas como ¿qué vine a hacer aquí? o ¿de qué trata la vida? y no encuentran ninguna solución, bajo mi punto de vista tienen un problema que si no logran resolver se hará cada vez mayor, como si se tratase de una pompa de jabón que crece y crece hasta explotar. En el momento que tu problema “explote” estás perdido y la única solución viable que encontrarás será el suicidio.

En la actualidad existen distintas creencias sobre el verdadero sentido de nuestra existencia, por ejemplo, los creyentes basan su vida en la fe y piensan que cuando la muerte les llegue irán a un lugar mejor; otra gente opina que somos polvo de estrellas y que tarde o temprano acabaremos desapareciendo sin dejar rastro. Los primeros rezan por la salvación de sus almas, pues no desean ir al Infierno, y las segundas prefieren vivir el presente exprimiendo cada segundo como si fuera el último. Otra creencia que está muy difundida es aquella que se basa en evitar el dolor y conseguir el placer. Teniendo en cuenta que vivimos en un mundo materialista y lleno de apariencias, el placer lo encontraríamos en competir por un trabajo, en buscar una pareja, en obtener riquezas, en aparentar ser lo que no eres... lo que al final no nos aportaría nada porque una vez muerto y enterrado te da igual si tenías más o menos dinero, si tu trabajo era mejor que el de tu vecino o no o si tuviste que fracasar en todas tus relaciones amorosas para llenar (o por lo menos intentar llenar) el vacío que sentías al ver que estabas solo en el mundo.

Personalmente yo creo que el sentido de nuestras vidas lo podríamos encontrar en el amor, porque bajo mi punto de vista el amor es un sentimiento sincero y yo por lo menos prefiero dedicar mi vida a querer y a ayudar a la gente que a manipular a las personas para obtener un miserable beneficio, aunque tal vez el verdadero sentido de la vida esté en asumir la responsabilidad de nuestra vida y de lo que pasa en ella, convirtiéndonos así en los dueños de nuestro destino.

miércoles 4 de noviembre de 2009

Imagina...

Hazme un favor, será el último que te pida, te lo prometo. Juega conmigo ¿vale? Juguemos con ese fantástico mundo procedente del laberinto de nuestras mentes, juguemos con eso que llaman “imaginación”. Cierra los ojos e imagina un día de lluvia de estos de invierno en los que hace mucho, mucho frío. Del cielo, caen diminutas gotitas de agua que humedecen ligeramente tu piel. El viento sopla con delicadeza moviendo tu pelo al ritmo que él impone. Imagina que estás sentado a la orilla de aquella playa en la que pasamos tantas noches abrazados esperando ver el amanecer. Imagina que imaginas esos momentos. ¿Los estás visualizando? ¿Los estás viviendo al igual que yo lo hago? Imagina también el olor a humedad y a tierra mojada mezclado con el olor a sal. Imagina que estoy sentada entre tus piernas, que estoy tiritando junto a ti y que por un momento apoyo mi cabeza sobre tu regazo... entonces, me acaricias con suavidad el pelo y me abrazas muy, muy fuerte. Imagina ahora que nuestras miradas se cruzan por una milésima de segundo. Entonces, es cuando me giro hacia ti y tú me besas con ternura, desprendiendo tanto calor como la primera vez que lo hiciste; en ese momento, serías capaz de derretir un iceberg con tan solo abrir un poco más la boca... ¿Te lo has imaginado? Abre ahora los ojos y dime que no quieres volver a sentir nada de lo que te he descrito, mírame a la cara y jura que no quieres volver a verme. Hazlo, y te prometo que te dejaré en paz para siempre...